Entre los numerosos macro y micronutrientes que contiene la leche de vaca, uno de los más importantes es la fracción lipídica. Si bien los beneficios nutricionales y fisiológicos del consumo de leche después de los primeros años de vida son objeto de debate, también parecen existir opiniones divergentes sobre los aspectos relacionados con la salud de los lípidos de la leche, incluido su posible papel en el cáncer. Existen datos positivos in vitro y/o in vivo sobre los efectos inhibidores del crecimiento o citotóxicos de componentes lipídicos de la leche, como las esfingomielinas y sus productos de degradación, o varios ácidos grasos hidroxilados. También se ha demostrado que los isómeros del ácido linoleico y los ácidos grasos de cadena ramificada tienen un potencial anticarcinogénico en modelos animales al inducir la apoptosis.
Por otro lado, existen pruebas de una asociación entre el aumento de la mortalidad por cáncer y el consumo de leche con alto contenido de grasa, lo que contradice los efectos protectores contra el tumor observados in vitro e in vivo. El consumo de productos lácteos con alto contenido de grasa parece estar asociado con un mayor riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer en comparación con los productos lácteos bajos en grasa u otras alternativas tópicas a base de soja. Existen resultados ambiguos con respecto al efecto anticarcinogénico de varios componentes lipídicos de la leche de vaca, así como en relación con la asociación entre el consumo general de grasa láctea y la aparición, en particular, de tumores de mama, colon y próstata. Si los efectos observados en los estudios epidemiológicos pueden atribuirse a los lípidos de la leche o si los prometedores datos preclínicos sobre su eficacia antitumoral pueden trasladarse a los humanos, sigue sin estar claro en la actualidad; por lo tanto, esta revisión resume los últimos hallazgos.
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