El cáncer colorrectal (CRC), una de las principales causas de mortalidad por cáncer a nivel global, se forma a través de interacciones dinámicas entre la microbiota intratumoral y el microambiente tumoral (TME). La evidencia emergente destaca el papel crítico de bacterias, hongos y virus intratumorales, como Fusobacterium nucleatum y Escherichia coli genotóxica, en la promoción del carcinoma a través del daño al ADN, evasión inmunitaria y reprogramación metabólica. Aunque sus orígenes siguen siendo objeto de debate, las hipótesis incluyen la penetración de la barrera mucosa, migración desde tejidos adyacentes, diseminación hematogénica y cometástasis con células tumorales. El perfil espacial revela una distribución no aleatoria de microorganismos dentro de nichos del TME inmunodepresores caracterizados por una reducida infiltración de células T y un enriquecimiento en moléculas inmunodepresoras.
A nivel mecánico, los metabolitos derivados de la microbiota (por ejemplo, butirato) y los genotoxinas (por ejemplo, colibactina) modulan las vías del huésped, promueven el daño al ADN epitelial, polarizan células inmunitarias (por ejemplo, macrófagas M2, Tregs), y colectivamente contribuyen a la promoción de la progresión tumoral. Por otro lado, los péptidos microbianos o la activación del camino STING por comensales como Bifidobacterium pueden mejorar la inmunidad antitumoral. La microbiota intratumoral influye significativamente en los resultados terapéuticos: F. nucleatum induce resistencia quimioterapéutica a través de la autofagia, mientras que las Gammaproteobacteria inactivan gemcitabina. Las respuestas a la inmunoterapia también se modulan, ya sea amplificando la actividad celular T antitumoral o suprimiendo la inmunidad mediante vías mediadas por citocinas.
Estrategias innovadoras, incluidas probióticos ingenierizados, vectores bacterianos para el transporte de fármacos y modulación microbiana mediante nanotecnología (por ejemplo, nanopartículas funcionales, portadores biomateriales), buscan explotar estas interacciones.
Sin embargo, desafíos como la baja biomasa microbiana, riesgos de contaminación e heterogeneidad entre pacientes complican los esfuerzos de traslación. Las tecnologías multiómicas y de perfil espacial ofrecen promesa para descifrar las redes microbiano-inmunitario-metabólico, guiando terapias personalizadas. La investigación futura debe abordar la biocompatibilidad de híbridos microbianos-nanotecnológicos y validar a la microbiota intratumoral como biomarcadores o objetivos terapéuticos. Unir estudios sobre el microbioma intestinal y tumoral podría desbloquear estrategias innovadoras para el manejo del CRC, enfatizando el papel dual de la microbiota como promotoras oncogénicas y aliadas terapéuticas en la oncología personalizada.
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