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Remodelación Antígenica en Cáncer Colorrectal: Cómo la Radioterapia y la Quimioterapia Aumentan la Respuesta a la Inmunoterapia.

¿Qué significa esto para los pacientes?

AI

Este estudio analizó cómo los tratamientos como la radioterapia y la quimioterapia pueden modificar la forma en que el sistema inmunitario percibe las células del cáncer colorrectal, lo que podría hacer que la inmunoterapia sea más eficaz.

Los resultados sugieren que estos tratamientos pueden provocar cambios en las células cancerosas y en su entorno. La radioterapia puede dañar el ADN, lo que conduce a nuevas mutaciones y expone antígenos ocultos. La quimioterapia, que a menudo se utiliza junto con la radioterapia, también puede aumentar la variedad de antígenos presentados por las células cancerosas, incluso a través de cambios en el procesamiento del ARN. Estos cambios ayudan al sistema inmunitario, en concreto a las células T, a reconocer y atacar el cáncer. El estudio también menciona que estos tratamientos pueden reducir las células que suprimen la respuesta inmunitaria y aumentar la actividad de las células que presentan antígenos al sistema inmunitario. Los ensayos clínicos (estudios VOLTAGE) mostraron que la quimiorradioterapia prolongada puede hacer que ciertos tipos de cáncer de recto (con reparación de errores de emparejamiento funcional) respondan mejor a la inmunoterapia.

Actualmente, esta investigación no modifica inmediatamente la práctica clínica estándar. Sin embargo, apoya la idea de que la combinación de radioterapia, quimioterapia e inmunoterapia podría ser un enfoque prometedor para algunos pacientes con cáncer colorrectal.

Esta investigación se basa en los resultados de estudios de laboratorio y ensayos clínicos. Se necesitan más investigaciones para comprender plenamente cómo interactúan estos tratamientos y para determinar la mejor manera de combinarlos para diferentes tipos de pacientes con cáncer colorrectal en el futuro.

Este resumen es generado por IA con fines informativos. No sustituye el consejo médico profesional. Consulte siempre con su oncólogo.

El cáncer colorrectal (CRC) se ha considerado tradicionalmente un "tumor frío" caracterizado por una baja inmunogenicidad y una respuesta limitada a los inhibidores de puntos de control inmunitario (ICIs).

Sin embargo, hallazgos recientes revelan que las modalidades citotóxicas pueden reprogramar este paisaje inmunológicamente inerte. Esta revisión integra estos conceptos en evolución para guiar la optimización de futuras terapias. La radioterapia induce extensas rupturas de doble cadena de ADN, lo que puede generar mutaciones de novo a través de una reparación errática mientras simultáneamente expone antígenos cripticos mediante una mayor inestabilidad transcripcional, recorte alternativo y procesamiento proteósomico mejorado. La quimiorradioterapia también amplifica las fuentes epigenéticas y epi-transcriptómicas de diversidad neoepitópica, incluyendo la edición de ARN y alteraciones de recorte inducidas por estrés, expandiendo el inmopeptidoma más allá de los neoantígenos canónicos dirigidos por mutaciones.

Estos cambios colectivamente mejoran la presentación de antígenos y facilitan la priming de células T. La quimioterapia reduce además las poblaciones celulares inmunosupresoras y promueve la activación de células dendríticas, creando un ambiente permisivo para el enganche inmunitario subsiguiente. Clínicamente, los estudios VOLTAGE demostraron que una quimiorradioterapia a largo plazo puede sensibilizar incluso tumores rectales con reparo de mutación en desacuerdo (MMR) a la inhibición del PD-1, generando respuestas patológicas clínicamente significativas. En contraste, los tumores rectales deficientes en reparo de mutación pueden responder completamente a los ICIs solos.

La radioterapia a corto plazo combinada con quimioterapia e ICIs también ha mostrado actividad alentadora en el contexto del tratamiento neoadyuvante total. Colectivamente, estos hallazgos respaldan un paradigma en el que la radioterapia, la quimioterapia y las alteraciones epigenéticas/epitranscriptómicas-incluyendo la edición de ARN-actúan como moduladores potentes de la antigeneidad tumoral. Al expandir el repertorio neoantígenico y remodelar el microambiente tumoroso, estas estrategias pueden transformar el CRC desde un tumor frío en uno que es cada vez más responsive a la inmunoterapia.

PubMed Central ~8,756 palabras · 44 min de lectura

El cáncer colorrectal (CCR) sigue siendo una de las principales causas de mortalidad relacionada con el cáncer en todo el mundo y se caracteriza biológicamente como un “tumor frío” prototípico [[1]]. La mayoría de los cánceres colorrectales (CCR), en particular los tumores con reparación de errores de emparejamiento (pMMR o MSS), presentan una baja inmunogenicidad inherente. Estos tumores suelen mostrar una escasa infiltración de células T efectoras, una antigenicidad limitada y un microambiente tumoral inmunosupresor [[1],[2]]. Estas características contribuyen a la respuesta generalmente pobre del CCR a los inhibidores de los puntos de control inmunitario (ICPI). En contraste, los tumores con deficiencia en la reparación de errores de emparejamiento (dMMR/MSI-H) demuestran una sensibilidad significativa a los ICPI [[3],[4]]. En consecuencia, la inmunoterapia por sí sola ha producido solo un beneficio clínico modesto para la mayoría de los pacientes con CCR, lo que subraya la necesidad de estrategias que puedan modular activamente el entorno inmunitario tumoral.

La evidencia emergente tanto de la investigación traslacional como de los ensayos clínicos indica que el estado “frío” del CCR no es fijo; en cambio, su inmunogenicidad puede modificarse mediante presiones terapéuticas específicas. Los tratamientos citotóxicos, como la radioterapia y la quimioterapia, no solo tienen efectos antitumorales directos, sino que también inducen cambios biológicos significativos que mejoran la presentación de antígenos y promueven la inmunidad antitumoral. La radioterapia induce roturas de doble cadena en el ADN y alteraciones transcripcionales, lo que lleva a la aparición de antígenos de novo y crípticos [[5]]. La quimioterapia puede inducir la muerte celular inmunogénica y modular las poblaciones celulares inmunosupresoras [[6]]. Además, los mecanismos epigenéticos y epitranscriptómicos (incluida la edición del ARN, el empalme alternativo y otros cambios transcriptómicos inducidos por el estrés) amplían la diversidad de posibles neoepítopos, remodelando eficazmente el paisaje antigénico del CCR [[7],[8]].

Esta revisión integra los conocimientos mecanísticos actuales y la evidencia clínica para dilucidar cómo la radioterapia, la quimioterapia y las alteraciones epigenéticas/epitranscriptómicas convergen para restaurar la antigenicidad y sensibilizar el CCR a la inmunoterapia. Al examinar estos procesos a través del concepto unificador de remodelación de antígenos, presentamos un marco que puede transformar las estrategias terapéuticas para una enfermedad que históricamente ha sido refractaria a la inmunoterapia.

2. Métodos

Esta revisión narrativa se basó en una búsqueda estructurada de la literatura en las bases de datos PubMed y Web of Science hasta enero de 2026. Los términos de búsqueda incluyeron combinaciones de “cáncer colorrectal”, “radioterapia”, “quimiorradioterapia”, “inmunoterapia”, “neoantígeno”, “edición de ARN”, “epigenético”, “epitranscriptómico” y “microambiente inmunitario”. Se consideraron tanto estudios preclínicos como clínicos. Cuando se identificaron datos contradictorios, se dio prioridad a los resultados reproducibles y a los estudios con relevancia clínica.

3. Inmunobiología del cáncer colorrectal como un tumor frío

El CCR se reconoce ampliamente como un “tumor frío” prototípico, caracterizado por una baja inmunogenicidad basal y una actividad inmunitaria antitumoral espontánea limitada [[9]]. Este fenotipo está impulsado en gran medida por la composición y la organización espacial del microambiente inmunitario tumoral. Muchos CCR exhiben un fenotipo de “desierto inmunitario”, en el que las células T efectoras son escasas dentro del parénquima tumoral, o un perfil de “exclusión inmunitaria”, en el que las células T se acumulan en el borde invasor, pero no logran infiltrar los nidos tumorales. Ambos patrones dan como resultado una interacción insuficiente de las células T citotóxicas y una respuesta limitada a la inhibición de los puntos de control inmunitario [[9]].

La carga mutacional tumoral (CMT) inherentemente baja de la mayoría de los CCR contribuye a su débil antigenicidad. Si bien los tumores con alta CMT generan un amplio repertorio de neoepítopos que pueden provocar respuestas robustas de las células T, la mayoría de los CCR, en particular los tumores con reparación de errores de emparejamiento (pMMR o MSS), albergan relativamente pocos neoantígenos inmunogénicos [[10]]. En contraste, los CCR con deficiencia en la reparación de errores de emparejamiento (dMMR/MSI-H) exhiben cargas mutacionales significativamente altas y una densa infiltración linfocítica, una combinación que subyace a su excepcional sensibilidad al bloqueo de PD-1 [[11]]. Esta marcada dicotomía entre el CCR con MMR competente y el CCR con MMR deficiente subraya la importancia de la cantidad y la calidad del antígeno en la determinación de la respuesta a la inmunoterapia.

Además de la antigenicidad, el CCR alberga mecanismos de resistencia a la inmunoterapia en múltiples capas. Estos incluyen una infiltración insuficiente de células T, una expresión baja o heterogénea de PD-L1 y un compartimento estromal enriquecido en fibroblastos asociados al cáncer junto con una señalización impulsada por TGF-β que refuerza la exclusión inmunitaria [[12],[13]]. Otras barreras, como las células supresoras derivadas de la médula ósea y las células T reguladoras, suprimen aún más la inmunidad antitumoral, creando un microambiente que es estructural y funcionalmente resistente a la activación inmunitaria [[10]]. Varios impedimentos genéticos e inmunológicos pueden contribuir a la resistencia al tratamiento en un subconjunto de pacientes. Estos incluyen defectos en la maquinaria de presentación de antígenos (por ejemplo, pérdida de HLA o alteraciones de B2M), poblaciones inmunosupresoras sostenidas, como las células T reguladoras y las células supresoras derivadas de la médula ósea, y barreras estromales impulsadas por la señalización de TGF-β. Estos factores pueden limitar la infiltración y la función efectivas de las células T a pesar de los esfuerzos terapéuticos para remodelar los antígenos.

En conjunto, estas características caracterizan al CCR como una neoplasia inmunorresistente en su estado no tratado. Sin embargo, también subrayan el potencial de las estrategias terapéuticas que pueden alterar la antigenicidad y remodelar el microambiente inmunitario, allanando el camino para el concepto de remodelación de antígenos explorado en las secciones siguientes.

Punto clave: La mayoría de los cánceres colorrectales MSS siguen siendo inmunológicamente fríos debido a una antigenicidad limitada, una presentación de antígenos alterada y una exclusión inmunitaria mediada por el estroma o las células mieloides.

4. Remodelación de antígenos: concepto y marco mecanístico

La antigenicidad tumoral (la capacidad de los péptidos derivados del tumor para ser reconocidos por el sistema inmunitario del huésped) es un determinante clave de la respuesta a la inmunoterapia [[14]]. Este paisaje antigénico está definido no solo por la cantidad y la calidad de los neoepítopos derivados de las mutaciones genéticas, sino también por un inmunopeptidoma más amplio que resulta del empalme alternativo, la traducción aberrante, las modificaciones postraduccionales y la regulación epigenética/epitranscriptómica [[14],[15]]. En el CCR, donde la carga mutacional tumoral basal es típicamente baja, la diversidad limitada de péptidos inmunogénicos contribuye a su clasificación como un tumor inmunológicamente frío [[16]]. En consecuencia, los mecanismos que expanden o diversifican el repertorio de antígenos son fundamentales para mejorar la sensibilidad a la inmunoterapia.

La remodelación de antígenos se refiere a la reconfiguración dinámica de la antigenicidad tumoral a través de alteraciones terapéuticas o inducidas por el estrés a los niveles de ADN, ARN y epigenético/epitranscriptómico. Los tratamientos citotóxicos, especialmente la radioterapia, actúan como potentes impulsores de este proceso. La radiación ionizante induce numerosas roturas de doble cadena en el ADN, y la posterior reparación propensa a errores puede generar mutaciones de novo, incluidos los cambios de marco que dan lugar a neoantígenos [[5]]. Al mismo tiempo, la radiación altera la fidelidad transcripcional y aumenta los eventos de empalme alternativo, exponiendo así antígenos crípticos que antes no se transcribían, no se traducían o no se procesaban de manera suficiente para la presentación de la clase I del MHC [[5]]. La quimioterapia y otros factores de estrés celular amplifican aún más este fenómeno al promover la muerte celular inmunogénica, reorganizar el procesamiento proteasómico y activar las vías de señalización inflamatorias que facilitan una mejor presentación de antígenos [[6]].

Más allá de las alteraciones genéticas, los mecanismos epigenéticos y epitranscriptómicos (incluida la edición del ARN, la desregulación del empalme, los cambios en las vías de degradación del ARN y los cambios en la accesibilidad de la cromatina) contribuyen con capas adicionales de diversificación de antígenos [[8]]. Estos procesos pueden generar péptidos no canónicos independientes de las mutaciones a nivel del ADN, expandiendo el inmunopeptidoma de una manera particularmente relevante para los tumores con baja carga mutacional, como el CCR con reparación de errores de emparejamiento. En conjunto, estas perturbaciones nucleares y epitranscriptómicas proporcionan una base mecanística para cambiar el CCR de un estado inmunorresistente y pobre en antígenos a uno que sea cada vez más reconocido por las células T citotóxicas.

Este concepto de remodelación de antígenos difiere fundamentalmente de la edición inmune del cáncer tradicional, que caracteriza la selección mediada por el sistema inmunitario de subclones tumorales preexistentes. Por el contrario, la remodelación de antígenos enfatiza la diversificación inducida por la terapia, por la cual el estrés citotóxico genera nuevas características antigénicas en lugar de simplemente influir en la aptitud de los clones existentes [[17]]. Al reconceptualizar las intervenciones terapéuticas como moduladores activos de la antigenicidad, este marco ofrece una base unificadora para integrar la radioterapia, la quimioterapia y la modulación epigenética/epitranscriptómica para hacer que el CCR frío responda a la inmunoterapia.

La tabla 1 resume las principales vías inducidas por la terapia que contribuyen a la diversificación de neoantígenos genéticos y epigenéticos/epitranscriptómicos.

Punto clave: La remodelación de antígenos refleja la diversificación de los antígenos tumorales inducida por la terapia a través de mecanismos genéticos y epitranscriptómicos, que va más allá de la carga de mutación estática.

5. Radioterapia como generador de antígenos

Tradicionalmente, la radioterapia (RT) se ha considerado una terapia citotóxica local, pero la evidencia acumulada demuestra que la radiación ionizante remodela profundamente la antigenicidad tumoral, actuando como un impulsor ascendente de la remodelación de antígenos. La radioterapia puede generar nuevos neoepítopos a través del daño al ADN y el estrés transcripcional; sin embargo, la evidencia directa que demuestre el reconocimiento de las células T de los neoantígenos inducidos por la terapia en pacientes con cáncer colorrectal sigue siendo limitada [[26]]. Es importante destacar que la diversificación de antígenos debe distinguirse de los procesos de activación inmunitaria más amplios, incluido el aumento del tráfico, la depleción de las células supresoras o la modulación mediada por citocinas del microambiente tumoral.

Un efecto biológico crítico de la RT es la inducción de numerosas roturas de doble cadena en el ADN (DSB) [[5]]. La posterior dependencia de las vías de reparación propensas a errores, principalmente la unión de extremos no homólogos, conduce a inserciones, deleciones y mutaciones de cambio de marco que generan neoantígenos de novo. Estos péptidos recién formados pueden diversificar el inmunopeptidoma y servir como objetivos para el reconocimiento de las células T, incluso en tumores con una carga mutacional inherentemente baja, como el cáncer colorrectal con reparación de errores de emparejamiento [[27]].

Además de las alteraciones genómicas directas, la radiación altera la fidelidad transcripcional y postraduccional. El aumento del ruido transcripcional, el empalme alternativo aberrante y los isoformas transcripcionales inducidas por el estrés exponen péptidos que antes no se expresaban o eran inestables, lo que lleva a la aparición de antígenos crípticos que no están presentes en el proteoma en estado estacionario. Al mismo tiempo, la radiación modifica el procesamiento proteasómico y aumenta la renovación de péptidos, lo que amplía aún más la presentación de antígenos.

En la superficie celular, la RT aumenta la expresión de la clase I del MHC, impulsada en parte por la señalización del interferón y el aumento de la disponibilidad de péptidos [[5]]. Esta mayor capacidad de presentación de antígenos mejora la visibilidad de las células tumorales irradiadas para los linfocitos T citotóxicos. Fundamental para este proceso es la activación de la vía cGAS-STING, desencadenada por fragmentos de ADN citosólico generados durante el estrés genómico inducido por la radiación [[20],[28]]. La activación de STING conduce a una robusta producción de interferón de tipo I (IFN-I), lo que mejora la maduración de las células dendríticas, la presentación cruzada y el reclutamiento de células T efectoras en el microambiente tumoral.

Clínicamente, estos efectos moleculares se manifiestan como un aumento de la infiltración de linfocitos T CD8+ y una regulación al alza adaptativa de PD-L1 en los tumores irradiados, características distintivas de un fenotipo inmunitario "inflamado". Estos cambios se han observado en el cáncer de recto tras la quimiorradioterapia y se correlacionan con una mejora de las respuestas al bloqueo de PD-1 en ensayos como VOLTAGE. En conjunto, estos mecanismos posicionan la radioterapia no solo como un medio de reducción tumoral directa, sino también como un potente generador de antígenos capaz de convertir el CRC de un tumor "frío" a uno preparado para la interacción inmunoterapéutica [[29]].

Punto clave: La radioterapia puede mejorar la respuesta inmunitaria al inducir neoantígenos asociados al daño del ADN y activar las vías de detección inmunitaria innata, como cGAS-STING.

6. Inmunomodulación inducida por la quimioterapia

Aunque tradicionalmente se ha considerado que la quimioterapia es una estrategia citotóxica para el control tumoral, ahora es evidente que muchos agentes quimioterapéuticos ejercen profundos efectos inmunomoduladores que complementan la remodelación de antígenos y mejoran la respuesta del CRC a la inmunoterapia. Uno de los mecanismos más destacados es la inducción de la muerte celular inmunogénica (DCI) [[6]]. Agentes como el oxaliplatino y ciertos regímenes basados en fluoropirimidinas inducen estrés del retículo endoplásmico y necrosis regulada, lo que conduce a la liberación de patrones moleculares asociados al peligro, incluido el calreticulín, el ATP y el HMGB1. El oxaliplatino se ha asociado con la muerte celular inmunogénica, principalmente en estudios preclínicos; el 5-fluorouracilo puede reducir las células supresoras derivadas de la médula ósea, según datos experimentales y clínicos correlativos, y el irinotecán parece ejercer principalmente efectos citotóxicos con una actividad inmunoestimuladora menos claramente definida. Estas señales promueven el reclutamiento de células dendríticas, la captación de antígenos y la activación cruzada de linfocitos T CD8+ específicos del tumor, estableciendo un puente eficaz entre la lesión citotóxica y la activación inmunitaria adaptativa [[6],[22],[30]].

La quimioterapia también puede remodelar el microambiente tumoral al reducir las poblaciones de células inmunosupresoras. Varios agentes agotan o inhiben selectivamente las células T reguladoras (Treg) y las células supresoras derivadas de la médula ósea, aliviando la presión supresora sobre las células T efectoras. Este cambio hacia un microambiente inmunitario más permisivo aumenta la probabilidad de que los antígenos recién expuestos o inducidos por la terapia desencadenen respuestas productivas de las células T. Simultáneamente, la quimioterapia promueve la maduración de las células dendríticas y aumenta la expresión de la maquinaria de procesamiento y presentación de antígenos dentro de las células tumorales, lo que mejora aún más la visibilidad de los antígenos.

Otro aspecto crucial de la inmunomodulación inducida por la quimioterapia es la regulación al alza de la señalización de las citocinas inflamatorias, incluidas las interferones de tipo I y los mediadores de la familia IL-1, lo que amplifica la activación inmunitaria innata y adaptativa. Estos cambios en las citocinas pueden actuar de forma sinérgica con la activación de STING inducida por la radiación para mejorar la presentación de antígenos y el reclutamiento de células T [[20]].

Además, los agentes dirigidos, en particular las terapias anti-VEGF como el bevacizumab, contribuyen a la remodelación inmunitaria a través de la normalización vascular. Al reducir la vasculatura anormal e hipóxica y estabilizar la barrera endotelial, la terapia anti-VEGF mejora el tráfico de las células T y aumenta la infiltración de células inmunitarias efectoras en el tumor. Esta normalización vascular supera una importante barrera física para la interacción inmunitaria en los tumores colorrectales y se ha demostrado que potencia las respuestas a los inhibidores de puntos de control inmunitario (ICIs) en múltiples tipos de cáncer.

En conjunto, estos mecanismos redefinen la quimioterapia no solo como un componente de tratamiento citotóxico, sino también como una terapia inmunomoduladora esencial que mejora la exposición a los antígenos, mitiga la inmunosupresión y facilita la infiltración de células T en el tumor. En el contexto más amplio de la remodelación de antígenos, la quimioterapia desempeña un papel fundamental en la preparación del CRC para una respuesta más eficaz a la inmunoterapia [[22]].

Punto clave: El impacto inmunológico de la quimioterapia varía según el agente e incluye la muerte celular inmunogénica, la supresión de las poblaciones reguladoras y la mejora de la presentación de antígenos.

7. Alteraciones epigenéticas y epitranscriptómicas y la edición del ARN como fuentes de diversidad de neoepítopos

Más allá de las mutaciones genéticas, los tumores pueden generar neoepítopos a través de un amplio espectro de alteraciones epigenéticas y epitranscriptómicas. Estos mecanismos, que operan independientemente de los cambios en la secuencia del ADN, añaden una capa de diversidad antigénica que se reconoce cada vez más como relevante para las respuestas a la inmunoterapia, especialmente en cánceres como el cáncer colorrectal con reparación de errores de emparejamiento funcional (MSS CRC), donde los neoantígenos mutacionales son limitados.

Uno de estos mecanismos es la edición de ARN de adenina a inosina (A a I), mediada por las enzimas ADAR [[31]]. La edición del ARN puede alterar los codones, crear eventos de recodificación y generar péptidos no canónicos que entran en el inmunopeptidoma a pesar de la ausencia de las correspondientes mutaciones del ADN [[7],[26]]. Estos péptidos editados pueden presentarse exclusivamente por las moléculas MHC de clase I, lo que amplía el repertorio de posibles objetivos de las células T. Aunque tradicionalmente se ha estudiado la edición del ARN en el contexto de la supresión inmunitaria innata [[32],[33]], su potencial para generar diversidad de neoepítopos es ahora un área de interés emergente en los tumores sólidos. En particular, las pruebas acumuladas indican que el estrés celular inducido por la quimiorradioterapia y la señalización de las interferonas pueden mejorar la actividad de edición del ARN, generando variantes de péptidos editados con potencial neoantigénico y contribuyendo así a la diversidad de neoepítopos inducida por la terapia [[7],[26]].

De manera similar, el empalme aberrante del ARN, incluido el salto de exones, la retención de intrones y la inclusión aberrante de exones, produce una amplia variedad de isoformas proteicas alternativas [[8],[34],[35]]. Muchas de estas isoformas contienen péptidos de cambio de marco o péptidos de unión novedosos que no se encuentran en el proteoma canónico. La desregulación del empalme es común en el CRC y puede verse exacerbada por el estrés celular. En consecuencia, estos péptidos enriquecen el panorama antigénico y pueden servir como objetivos para el reconocimiento de las células T.

El ruido de la traducción es otro contribuyente clave a la diversidad de antígenos, que abarca errores en la decodificación ribosomal, la iniciación de la traducción no AUG y la alteración del escisión proteasómica. Estas perturbaciones producen péptidos de corta duración o inestables que aún pueden procesarse y presentarse en las moléculas MHC de clase I. Al mismo tiempo, los cambios en la actividad y la especificidad del proteasoma, que a menudo se observan en condiciones de estrés, alteran el conjunto de péptidos disponibles para la vigilancia inmunitaria.

El estrés citotóxico inducido por la quimiorradioterapia amplifica aún más estas perturbaciones epitranscriptómicas. Las respuestas al daño del ADN influyen en la estabilidad del ARN, la fidelidad del empalme y la actividad de edición, mientras que la señalización de las interferonas y el estrés oxidativo remodelan el transcriptoma y el proteoma [[26]]. En conjunto, estos procesos inducidos por el estrés generan plasticidad epigenética y epitranscriptómica, lo que hace que el inmunopeptidoma sea más diverso y dinámico.

Es importante destacar que este fenómeno introduce un nuevo marco conceptual para comprender el MSS CRC: incluso los tumores con una baja carga mutacional pueden lograr una diversificación significativa de los antígenos a través de la remodelación epigenética/epitranscriptómica y a nivel del ARN.

Esta remodelación proporciona una base mecanicista para sensibilizar los tumores MSS al bloqueo de los puntos de control inmunitario mediante la quimiorradioterapia, complementando los neoantígenos derivados del daño del ADN y ayudando a convertir los tumores inmunológicamente "fríos" en tumores más receptivos.

Punto clave: Las alteraciones epigenéticas y epitranscriptómicas, incluida la edición del ARN, pueden diversificar el inmunopeptidoma y contribuir a la conversión inmunitaria en contextos seleccionados.

8. Evidencia clínica: combinación de terapia citotóxica e inmunoterapia

8.1. Quimiorradioterapia de larga duración (QRLD) + ICI

La quimiorradioterapia de larga duración (QRLD) ha sido durante mucho tiempo el tratamiento neoadyuvante estándar para el cáncer de recto localmente avanzado, pero estudios recientes han demostrado que también puede servir como un eficaz inductor inmunitario para mejorar la eficacia de los ICIs [[36],[37],[38]]. El paradigma emergente sugiere que la terapia citotóxica induce la remodelación de antígenos, a través del daño del ADN, las perturbaciones transcripcionales y el aumento de la presentación de antígenos, creando así un microambiente tumoral que es más susceptible al bloqueo de PD-1. Varios ensayos clínicos clave ilustran este concepto. Los principales ensayos clínicos que evalúan la combinación de quimiorradioterapia e inhibidores de puntos de control inmunitario en el cáncer de recto se resumen en la Tabla 2.

8.1.1. Ensayo VOLTAGE (EPOC1504)

El ensayo VOLTAGE fue uno de los primeros en integrar directamente un ICI en la QRLD para el cáncer de recto resecable [[36],[37]]. Tras la QRLD estándar (50,4 Gy con capecitabina concurrente), los pacientes recibieron nivolumab antes de la cirugía.

En la cohorte con reparación de errores de emparejamiento funcional (MSS), un grupo que tradicionalmente no responde a la inmunoterapia, el ensayo mostró tasas de respuesta patológica completa (RPC) de aproximadamente el 30%, significativamente más altas que las observadas en los controles históricos tratados con QRLD sola.

Los análisis traslacionales revelaron un aumento de la infiltración de linfocitos T CD8+ y la regulación al alza de PD-L1 tras la quimiorradioterapia, lo que apoya la hipótesis de que la QRLD remodela la antigenicidad y la accesibilidad inmunitaria. Los pacientes con mayores proporciones basales de CD8/Treg o expresión de PD-L1 post-QRLD obtuvieron el mayor beneficio, lo que es coherente con el modelo de remodelación de antígenos.

8.1.2. Ensayos NECTAR y relacionados

El ensayo NECTAR y estudios similares que evalúan la secuenciación de la QRLD y los ICIs refuerzan estos hallazgos, informando de tasas favorables de RPC y respuesta patológica mayor en los cánceres de recto MSS y MSI-H [[38]]. Estos estudios demuestran colectivamente que la QRLD actúa no solo como una modalidad citoreductora, sino también como un sensibilizador biológico, preparando el microambiente inmunitario para responder al bloqueo de PD-1.

8.2. Quimiorradioterapia de corta duración (QCRT) + quimioterapia + ICI en la terapia neoadyuvante total (TNT)

La quimiorradioterapia de corta duración (QCRT), que normalmente se administra como 5 Gy × 5 fracciones, ha surgido como una plataforma prometedora para combinar estrategias citotóxicas e inmunoterapéuticas dentro de los regímenes de terapia neoadyuvante total (TNT). A diferencia de la quimiorradioterapia de larga duración, la QCRT induce un daño agudo del ADN y señales de estrés inmunogénico, lo que puede impulsar la remodelación de antígenos de forma más potente. La quimiorradioterapia de corta duración (5 × 5 Gy; total 25 Gy) es una alternativa establecida a la quimiorradioterapia de larga duración y puede ofrecer ventajas logísticas y una tolerabilidad aceptable al tiempo que se preserva el potencial inmunogénico. La optimización de los programas de fraccionamiento de la radiación puede ser, por tanto, un enfoque para equilibrar la eficacia y la toxicidad en las estrategias multimodales. Tras la administración de quimioterapia sistémica e inhibición de los puntos de control inmunitario (ICI), la TNT basada en QCRT ha producido respuestas patológicas prometedoras tanto en el cáncer de recto con reparación de errores de emparejamiento funcional (MSS) como en el cáncer de recto con reparación de errores de emparejamiento deficiente (dMMR).

8.2.1. Ensayo UNION (fase III)

El ensayo UNION, un estudio fundamental de fase III, comparó directamente la QCRT + CAPOX + camrelizumab con la quimiorradioterapia convencional de larga duración [[40]]. El régimen TNT logró tasas significativamente más altas de RPC, lo que validó la preparación inmunogénica basada en QCRT en un entorno de fase III. En particular, el ensayo demostró un beneficio en todos los subgrupos de biomarcadores, incluidos los tumores MSS, lo que subraya la amplia aplicabilidad de las combinaciones de QCRT + ICI.

8.2.2. Implicaciones de la TNT basada en QCRT para la conversión inmunitaria

La QCRT induce una intensa y breve explosión de daño del ADN y señalización inflamatoria, lo que puede acelerar la formación de neoantígenos de novo y mejorar la visibilidad de los antígenos crípticos. La quimioterapia posterior agota las poblaciones de células inmunosupresoras, mientras que los ICIs aprovechan el nuevo panorama antigénico remodelado.

Esta secuencia refleja un marco biológicamente coherente en el que la QCRT inicia la remodelación de antígenos, la quimioterapia la amplifica y el ICI convierte estos cambios en respuestas inmunitarias funcionales.

En resumen, estos mecanismos redefinen la quimioterapia no solo como un componente de tratamiento citotóxico, sino también como una terapia inmunomoduladora esencial que mejora la exposición a los antígenos, mitiga la inmunosupresión y facilita la infiltración de células T en el tumor. En el contexto más amplio de la remodelación de antígenos, la quimioterapia desempeña un papel fundamental en la preparación del CRC para una respuesta más eficaz a la inmunoterapia [[22]].

Punto clave: El impacto inmunológico de la quimioterapia varía según el agente e incluye la muerte celular inmunogénica, la supresión de las poblaciones reguladoras y la mejora de la presentación de antígenos.

Sin embargo, como se resume en la Tabla 3, las estrategias de tratamiento sistémico que combinan la quimioterapia con los inhibidores de los puntos de control inmunitario en el cáncer colorrectal metastásico han logrado, hasta ahora, tasas limitadas de respuestas completas o profundas en comparación con los enfoques basados en la quimiorradioterapia. Estas observaciones clínicas sugieren que la radioterapia sigue siendo un componente crítico para una remodelación antigénica y una sensibilización inmune eficaces, más allá de lo que se puede lograr con la quimioterapia y la inmunoterapia por sí solas.

Punto clave: Los ensayos clínicos sugieren que la combinación de la terapia citotóxica con los ICIs puede sensibilizar a ciertos cánceres rectales MSS, mientras que los tumores dMMR pueden responder a los ICIs por sí solos.

8.1. Quimiorradioterapia de Larga Duración (QRLD) + ICI

La quimiorradioterapia de larga duración (QRLD) ha sido durante mucho tiempo el tratamiento neoadyuvante estándar para el cáncer colorrectal localmente avanzado, pero estudios recientes han demostrado que también puede servir como un eficaz inductor inmunitario para mejorar la eficacia de los ICIs [[36],[37],[38]]. El paradigma emergente sugiere que la terapia citotóxica induce la remodelación antigénica (a través del daño del ADN, las alteraciones transcripcionales y el aumento de la presentación de antígenos), creando así un microambiente tumoral que es más susceptible al bloqueo de PD-1. Varios ensayos clínicos clave ilustran este concepto. Los principales ensayos clínicos que evalúan la combinación de quimiorradioterapia y bloqueo de los puntos de control inmunitario en el cáncer colorrectal se resumen en la Tabla 2.

8.1.1. Ensayo VOLTAGE (EPOC1504)

El ensayo VOLTAGE fue uno de los primeros en integrar directamente el ICI en la QRLD para el cáncer colorrectal resecable [[36],[37]]. Tras la QRLD estándar (50,4 Gy con capecitabina concomitante), los pacientes recibieron nivolumab antes de la cirugía.

En la cohorte con MMR competente (MSS), un grupo que tradicionalmente no responde a la inmunoterapia, el ensayo mostró tasas de respuesta patológica completa (RPC) de aproximadamente el 30%, significativamente más altas que las observadas en los controles históricos tratados con QRLD sola.

Los análisis traslacionales revelaron un aumento de la infiltración de células T CD8+ y la sobreexpresión de PD-L1 tras la quimiorradioterapia, lo que apoya la hipótesis de que la QRLD remodela la antigenicidad y la accesibilidad inmune. Los pacientes con mayores proporciones basales de CD8/Treg o con una mayor expresión de PD-L1 post-QRLD obtuvieron el mayor beneficio, lo que es consistente con el modelo de remodelación antigénica.

8.1.2. Ensayos NECTAR y relacionados

El ensayo NECTAR y estudios similares que evalúan la secuenciación de la QRLD y los ICIs refuerzan estos hallazgos, informando de tasas favorables de RPC y de respuesta patológica mayor en los cánceres rectales MSS y MSI-H [[38]]. Estos estudios demuestran colectivamente que la QRLD actúa no solo como una modalidad citoreductora, sino también como un sensibilizador biológico, preparando el microambiente inmunitario para responder al bloqueo de PD-1.

8.1.1. Ensayo VOLTAGE (EPOC1504)

El ensayo VOLTAGE fue uno de los primeros en integrar directamente el ICI en la QRLD para el cáncer colorrectal resecable [[36],[37]]. Tras la QRLD estándar (50,4 Gy con capecitabina concomitante), los pacientes recibieron nivolumab antes de la cirugía.

En la cohorte con MMR competente (MSS), un grupo que tradicionalmente no responde a la inmunoterapia, el ensayo mostró tasas de respuesta patológica completa (RPC) de aproximadamente el 30%, significativamente más altas que las observadas en los controles históricos tratados con QRLD sola.

Los análisis traslacionales revelaron un aumento de la infiltración de células T CD8+ y la sobreexpresión de PD-L1 tras la quimiorradioterapia, lo que apoya la hipótesis de que la QRLD remodela la antigenicidad y la accesibilidad inmune. Los pacientes con mayores proporciones basales de CD8/Treg o con una mayor expresión de PD-L1 post-QRLD obtuvieron el mayor beneficio, lo que es consistente con el modelo de remodelación antigénica.

8.1.2. Ensayos NECTAR y relacionados

El ensayo NECTAR y estudios similares que evalúan la secuenciación de la QRLD y los ICIs refuerzan estos hallazgos, informando de tasas favorables de RPC y de respuesta patológica mayor en los cánceres rectales MSS y MSI-H [[38]]. Estos estudios demuestran colectivamente que la QRLD actúa no solo como una modalidad citoreductora, sino también como un sensibilizador biológico, preparando el microambiente inmunitario para responder al bloqueo de PD-1.

8.2. Radioterapia de Corta Duración (RCD) + Quimioterapia + ICI en la Terapia Neoadyuvante Total (TNT)

La radioterapia de corta duración (RCD), que normalmente se administra como 5 Gy × 5 fracciones, ha surgido como una plataforma prometedora para combinar estrategias citotóxicas e inmunoterapéuticas dentro de los regímenes de terapia neoadyuvante total (TNT). A diferencia de la quimiorradioterapia de larga duración, la RCD induce un daño agudo del ADN y señales de estrés inmunogénico, lo que puede impulsar la remodelación antigénica de forma más potente. La radioterapia de corta duración (5 × 5 Gy; total 25 Gy) es una alternativa establecida a la quimiorradioterapia de larga duración y puede ofrecer ventajas logísticas y una tolerabilidad aceptable, al tiempo que preserva el potencial inmunogénico. La optimización de los esquemas de fraccionamiento de la radiación puede, por lo tanto, representar un enfoque para equilibrar la eficacia y la toxicidad en las estrategias multimodales. Cuando se sigue con quimioterapia sistémica e inhibición de los puntos de control inmunitario (ICI), la TNT basada en RCD ha producido respuestas patológicas alentadoras tanto en el cáncer colorrectal con reparación del desajuste de bases (MSS) como en el cáncer colorrectal con reparación del desajuste de bases deficiente (dMMR).

8.2.1. Ensayo UNION (Fase III)

El ensayo UNION, un estudio fundamental de fase III, comparó directamente la RCD + CAPOX + camrelizumab con la quimiorradioterapia convencional de larga duración [[40]]. El régimen de TNT logró tasas significativamente más altas de RPC, lo que validó la potenciación inmunogénica basada en RCD en un entorno de fase III. En particular, el ensayo demostró un beneficio en todos los subgrupos de biomarcadores, incluidos los tumores MSS, lo que subraya la amplia aplicabilidad de las combinaciones de RCD + ICI.

8.2.2. Implicaciones de la TNT basada en RCD para la conversión inmune

La RCD induce una intensa y breve oleada de daño del ADN y señalización inflamatoria, lo que puede acelerar la formación de neoantígenos de novo y mejorar la visibilidad de los antígenos crípticos. La quimioterapia posterior agota las poblaciones de células inmunosupresoras, mientras que los ICIs aprovechan el paisaje antigénico recién remodelado.

Esta secuencia refleja un marco biológicamente coherente en el que la RCD inicia la remodelación antigénica, la quimioterapia la amplifica y el ICI convierte estos cambios en respuestas inmunitarias funcionales.

Sin embargo, como se resume en la Tabla 3, las estrategias de tratamiento sistémico que combinan la quimioterapia con los inhibidores de los puntos de control inmunitario en el cáncer colorrectal metastásico han logrado, hasta ahora, tasas limitadas de respuestas completas o profundas en comparación con los enfoques basados en la quimiorradioterapia. Estas observaciones clínicas sugieren que la radioterapia sigue siendo un componente crítico para una remodelación antigénica y una sensibilización inmune eficaces, más allá de lo que se puede lograr con la quimioterapia y la inmunoterapia por sí solas.

Punto clave: Los ensayos clínicos sugieren que la combinación de la terapia citotóxica con los ICIs puede sensibilizar a ciertos cánceres rectales MSS, mientras que los tumores dMMR pueden responder a los ICIs por sí solos.

8.2.1. Ensayo UNION (Fase III)

El ensayo UNION, un estudio fundamental de fase III, comparó directamente la RCD + CAPOX + camrelizumab con la quimiorradioterapia convencional de larga duración [[40]]. El régimen de TNT logró tasas significativamente más altas de RPC, lo que validó la potenciación inmunogénica basada en RCD en un entorno de fase III. En particular, el ensayo demostró un beneficio en todos los subgrupos de biomarcadores, incluidos los tumores MSS, lo que subraya la amplia aplicabilidad de las combinaciones de RCD + ICI.

8.2.2. Implicaciones de la TNT basada en RCD para la conversión inmune

La RCD induce una intensa y breve oleada de daño del ADN y señalización inflamatoria, lo que puede acelerar la formación de neoantígenos de novo y mejorar la visibilidad de los antígenos crípticos. La quimioterapia posterior agota las poblaciones de células inmunosupresoras, mientras que los ICIs aprovechan el paisaje antigénico recién remodelado.

Esta secuencia refleja un marco biológicamente coherente en el que la RCD inicia la remodelación antigénica, la quimioterapia la amplifica y el ICI convierte estos cambios en respuestas inmunitarias funcionales.

9. Biomarcadores de respuesta a la remodelación antigénica y los ICIs

Con la creciente importancia de la radioterapia, la quimioterapia y la inmunoterapia en el CRC, la identificación de biomarcadores que predigan las respuestas a la remodelación antigénica y la posterior activación inmune es fundamental. Estos biomarcadores no solo guían la selección de pacientes, sino que también proporcionan información mecanicista sobre cómo las terapias citotóxicas mejoran la respuesta a la inmunoterapia. Se han estudiado en este contexto varias clases de biomarcadores, que abarcan la infiltración inmune, la carga antigénica, las firmas transcriptómicas y las características del microambiente tumoral.

9.1. Infiltración de células T CD8+ y la proporción CD8/Treg

Uno de los predictores más sólidos de la respuesta al bloqueo de PD-1 tras la quimiorradioterapia es la densidad de células T citotóxicas CD8+ dentro del tumor y, más específicamente, la proporción CD8/Treg. En ensayos como VOLTAGE, los pacientes con mayores proporciones de CD8/Treg previas al tratamiento mostraron tasas significativamente más altas de respuesta patológica completa tras la QRLD seguida de nivolumab [[10],[36],[37]]. Este biomarcador refleja un microambiente preparado para la activación inmune, donde la remodelación antigénica puede mejorar aún más la activación de las células T.

9.2. Expresión de PD-L1 y activación inmune adaptativa

Aunque la expresión de PD-L1 es heterogénea en el CRC y no es un predictor independiente de la eficacia de los ICIs, su sobreexpresión tras la radioterapia o la quimiorradiación se ha asociado de forma constante con mejores resultados en las estrategias combinadas [[36],[37]]. Esta inducción postratamiento de PD-L1 representa una forma de resistencia inmune adaptativa, que señala la activación concurrente de las vías de los interferones y la participación de las células T, ambos signos de una remodelación antigénica exitosa.

9.3. Carga mutacional tumoral (CMT) y carga de neoantígenos clonales

La CMT basal suele ser baja en los tumores con reparación del desajuste de bases (MSS); sin embargo, el daño del ADN inducido por la radiación y el estrés inducido por la quimioterapia pueden aumentar transitoriamente la complejidad de los neoantígenos [[27]]. Las observaciones clínicas sugieren que los pacientes cuyos tumores presentan una mayor carga de neoantígenos clonales o una mayor actividad mutacional tras la QRLD tienen más probabilidades de beneficiarse de los ICIs. Por el contrario, los tumores con reparación del desajuste de bases deficiente (dMMR) tienen intrínsecamente una CMT alta, lo que explica su excepcional sensibilidad a la monoterapia con ICIs [[3],[16]].

9.4. Clasificación del subtipo molecular de consenso

Los subtipos transcriptómicos se correlacionan con la arquitectura inmune y la respuesta al tratamiento. Los tumores CMS1 (inmunoactivos) y CMS3 (metabólicos/inmunointermedios) muestran una mayor capacidad de respuesta a los regímenes de QRLD + ICI. El CMS4, caracterizado por la activación del estroma y la exclusión inmune impulsada por TGF-β, a menudo presenta una respuesta más pobre, lo que subraya el papel de las barreras del estroma en la limitación del impacto de la remodelación antigénica [[10],[12],[13]].

9.5. Edición de ARN y firmas epigenéticas/epitranscriptómicas

Además de las mutaciones del ADN, las alteraciones epitranscriptómicas, incluida la edición del ARN y las variantes de péptidos derivadas del empalme, pueden servir como biomarcadores de la diversidad antigénica. Los tumores con una mayor actividad de edición de ARN basal o con una mayor diversidad transcriptómica inducida por el estrés pueden generar neoepítopos no canónicos durante la terapia citotóxica, proporcionando así una base mecanicista para la respuesta incluso en los tumores MSS con una baja carga de neoantígenos a nivel del ADN [[7],[26],[31]].

9.6. Biomarcadores asociados al microbioma

La evidencia emergente relaciona la composición del microbioma intestinal con la respuesta a la inmunoterapia de bloqueo de puntos de control inmunitarios (ICI). La presencia de taxones inmunostimulantes y la ausencia de especies supresoras, como *Fusobacterium nucleatum*, puede mejorar la activación de las células dendríticas y la activación de las células T después de la quimiorradioterapia (QRT) [[48], [49], [50]]. Dado que el procesamiento de antígenos depende de una comunicación eficaz entre las células presentadoras de antígeno (APC) y las células T, la competencia inmune asociada al microbioma puede influir en el éxito de los regímenes multimodales.

En conjunto, estos biomarcadores resaltan un tema recurrente: la inmunoterapia exitosa en el cáncer colorrectal (CCR) requiere tanto abundancia de antígenos como un microambiente inmune receptivo. Si bien las terapias citotóxicas pueden mejorar la antigenicidad, la capacidad de las células T para reconocer y responder a estos antígenos modificados depende tanto de las características inmunes preexistentes como de las inducibles, como se refleja en estos biomarcadores.

Punto clave: Actualmente, ningún biomarcador único predice la respuesta a las estrategias de remodelación de antígenos en el cáncer colorrectal; probablemente se requerirá un perfilado integrado genómico, transcriptómico y microambiental para una selección eficaz de los pacientes.

9.1. Infiltración de células T CD8+ y la relación CD8/Treg

Uno de los predictores más sólidos de la respuesta al bloqueo de PD-1 después de la quimiorradioterapia es la densidad de células T citotóxicas CD8+ dentro del tumor y, más específicamente, la relación CD8/Treg. En ensayos como VOLTAGE, los pacientes con relaciones CD8/Treg más altas en el pretratamiento mostraron tasas significativamente más altas de respuesta completa patológica después de la QRT local seguida de nivolumab [[10], [36], [37]]. Este biomarcador refleja un microambiente preparado para la activación inmune, donde la remodelación de antígenos puede mejorar aún más la activación de las células T.

9.2. Expresión de PD-L1 y activación inmune adaptativa

Aunque la expresión de PD-L1 es heterogénea en el CCR y no es un predictor independiente de la eficacia de la ICI, su aumento después de la radioterapia o la quimiorradiación se ha asociado de forma constante con mejores resultados en las estrategias combinadas [[36], [37]]. Esta inducción postratamiento de PD-L1 representa una forma de resistencia inmune adaptativa, que señala la activación concurrente de las vías de interferón y la interacción de las células T, ambos elementos característicos de una remodelación antigénica exitosa.

9.3. Carga mutacional tumoral (CMT) y carga de neoantígenos clonales

La CMT basal suele ser baja en los tumores con reparación de errores de emparejamiento (MMR) funcional (MSS); sin embargo, el daño en el ADN inducido por la radiación y el estrés inducido por la quimioterapia pueden aumentar transitoriamente la complejidad neoantigénica [[27]]. Las observaciones clínicas sugieren que los pacientes cuyos tumores exhiben una mayor carga de neoantígenos clonales o una mayor actividad mutacional después de la QRT local tienen más probabilidades de beneficiarse de las ICIs. Por el contrario, los tumores con deficiencia de reparación de errores de emparejamiento (dMMR) tienen intrínsecamente una CMT alta, lo que explica su excepcional sensibilidad a la inmunoterapia monoterápica [[3], [16]].

9.4. Clasificación del subtipo molecular de consenso

Los subtipos transcriptómicos se correlacionan con la arquitectura inmune y la respuesta al tratamiento. Los tumores CMS1 (inmunoactivos) y CMS3 (metabólicos/inmunointermedios) exhiben una mayor respuesta a los regímenes de QRT + ICI. El CMS4, caracterizado por la activación del estroma y la exclusión inmune impulsada por TGF-β, a menudo exhibe respuestas más pobres, lo que subraya el papel de las barreras del estroma en la limitación del impacto de la remodelación de antígenos [[10], [12], [13]].

9.5. Edición de ARN y firmas epigenéticas/epitranscriptómicas

Además de las mutaciones del ADN, las alteraciones epitranscriptómicas, incluida la edición del ARN y las variantes de péptidos derivadas del empalme, pueden servir como biomarcadores de la diversidad antigénica. Los tumores con mayor actividad de edición de ARN basal o diversidad transcriptómica inducida por el estrés pueden generar neoepítopos no canónicos durante la terapia citotóxica, proporcionando así una base mecánica para la respuesta incluso en tumores MSS con una baja carga de neoantígenos a nivel del ADN [[7], [26], [31]].

9.6. Biomarcadores asociados al microbioma

La evidencia emergente relaciona la composición del microbioma intestinal con la respuesta a la inmunoterapia de bloqueo de puntos de control inmunitarios (ICI). La presencia de taxones inmunostimulantes y la ausencia de especies supresoras, como *Fusobacterium nucleatum*, puede mejorar la activación de las células dendríticas y la activación de las células T después de la quimiorradioterapia (QRT) [[48], [49], [50]]. Dado que el procesamiento de antígenos depende de una comunicación eficaz entre las células presentadoras de antígeno (APC) y las células T, la competencia inmune asociada al microbioma puede influir en el éxito de los regímenes multimodales.

En conjunto, estos biomarcadores resaltan un tema recurrente: la inmunoterapia exitosa en el cáncer colorrectal (CCR) requiere tanto abundancia de antígenos como un microambiente inmune receptivo. Si bien las terapias citotóxicas pueden mejorar la antigenicidad, la capacidad de las células T para reconocer y responder a estos antígenos modificados depende tanto de las características inmunes preexistentes como de las inducibles, como se refleja en estos biomarcadores.

Punto clave: Actualmente, ningún biomarcador único predice la respuesta a las estrategias de remodelación de antígenos en el cáncer colorrectal; probablemente se requerirá un perfilado integrado genómico, transcriptómico y microambiental para una selección eficaz de los pacientes.

10. Direcciones futuras: hacia estrategias multimodales de conversión inmune

Los rápidos avances en la genómica y la epigenómica están remodelando nuestra comprensión del CCR en el contexto de la inmunidad tumoral. Las tecnologías como la transcriptómica espacial, la secuenciación de células individuales y la predicción de neoantígenos asistida por IA sugieren cada vez más que la distinción entre tumores fríos y calientes es dinámica en lugar de fija. A medida que la radioterapia, la quimioterapia y las alteraciones transcriptómicas inducidas por el estrés revelan nuevas capas de diversidad antigénica, podemos imaginar un futuro en el que el fenotipo inmune del CCR se reprograme deliberadamente en lugar de simplemente observarse. Se requerirá un muestreo longitudinal prospectivo que integre inmunopeptidómica, secuenciación de TCR y perfilado inmune espacial para validar la remodelación de antígenos. Un panel de biomarcadores mínimo debe incluir la integridad de la presentación de antígenos, las firmas de interferón y la clonalidad de las células T (Tabla 4).

La inestabilidad genómica, las modificaciones del ARN y la plasticidad epigenética/epitranscriptómica contribuyen a un paisaje antigénico dinámico que puede ser más maleable de lo que se pensaba. La integración de estas ideas con el modelado impulsado por IA podría permitir a los clínicos predecir las respuestas tumorales a la terapia citotóxica, identificar el momento más favorable para la presentación de antígenos y determinar la mejor manera de programar o adaptar la inmunoterapia. El perfilado espacial dilucidará aún más los sitios de exclusión inmune y cómo dirigirse a microregiones específicas para lograr una activación inmune más uniforme.

No está claro si los cánceres colorrectales MSS específicos son intrínsecamente resistentes a la remodelación de antígenos inducida por la terapia. Definir las características moleculares e inmunológicas que predicen la resistencia a la diversificación de antígenos será una prioridad crítica para la investigación traslacional futura. Además, la posible aparición de variantes de pérdida de antígenos y el agotamiento de las células T después de la terapia pueden limitar la durabilidad de la conversión inmune. Se requerirán estudios longitudinales que integren el perfilado de la presentación de antígenos y la evaluación funcional de las células T para aclarar estas dinámicas. Los análisis integrados pre y postratamiento, que incluyen inmunopeptidómica, perfilado del repertorio de TCR, evaluación de la maquinaria de presentación de antígenos, firmas de interferón y mapeo inmune espacial, siguen siendo limitados en el cáncer colorrectal. La ausencia de estos datos longitudinales representa una importante brecha traslacional que restringe la interpretación mecánica de las respuestas clínicas. Dirigirse a las vías inmunosupresoras, incluido el signaling de TGF-β y la supresión mediada por células mieloides, puede representar estrategias complementarias para mejorar la durabilidad de la remodelación de antígenos. Se requerirán estudios traslacionales y clínicos adicionales para determinar si la modulación de las vías de señalización inflamatorias, como la inhibición de JAK, puede superar la resistencia en pacientes seleccionados [[33]].

La validación futura de la remodelación de antígenos requerirá un muestreo longitudinal prospectivo que incorpore inmunopeptidómica, secuenciación del repertorio de TCR y perfilado inmune espacial. Un panel de biomarcadores traslacionales mínimo puede incluir la evaluación de la maquinaria de presentación de antígenos, las firmas de señalización de interferón, la clonalidad de las células T y la infiltración espacial de las células CD8+. Estos enfoques integrados serán esenciales para vincular mecánicamente la diversificación de antígenos con la respuesta clínica (Figura 1).

En este marco emergente, el CCR ya no se define únicamente por su intrínseca falta de inmunogenicidad, sino por su potencial para una conversión inmune diseñada. A medida que nuestra capacidad para analizar y manipular el paisaje antigénico mejore, la antigua dicotomía entre tumores fríos y calientes puede dar paso a un enfoque más matizado y programable para optimizar la inmunoterapia.

Punto clave: Definir los biomarcadores predictivos y validar la remodelación de antígenos a largo plazo a través de la integración de múltiples ómicas será esencial para la futura traslación clínica.

11. Conclusiones

Tradicionalmente, se ha caracterizado al CCR como inmunológicamente frío, pero la evidencia emergente muestra que este estado no es ni fijo ni inevitable. La radioterapia, la quimioterapia y las alteraciones epigenéticas/epitranscriptómicas pueden remodelar colectivamente la antigenicidad tumoral, allanando el camino para respuestas inmunoterapéuticas significativas en tumores que antes se consideraban refractarios. Comprender y aprovechar esta capacidad de remodelación de antígenos será fundamental para la próxima generación de estrategias de tratamiento. A medida que las herramientas analíticas avancen y las combinaciones terapéuticas evolucionen, la frontera entre los tumores fríos y calientes puede volverse menos una limitación biológica y más un parámetro terapéutico modificable.

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Artículo: Antigen Remodeling in Colorectal Cancer: How Radiotherapy and Chemotherapy Enhance Immunotherapy Responsiveness.

Autores: Matsumi Y, Shigeyasu K, Takahashi T, Moriwake K, Kayano M, Fujiwara T
Publicado: 2026-03-11
PMID: 41749968
Genes: MMR
Tratamientos: immunotherapy, chemotherapy

Enlace: https://crcwarriors.org/article-detail.php?id=1551 | https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41749968/

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