El cáncer colorrectal (CCR) sigue siendo una de las principales causas de mortalidad relacionada con el cáncer en todo el mundo, y sus resultados dependen en gran medida de un diagnóstico oportuno, una estratificación de riesgos precisa y un tratamiento individualizado. Los marcadores tradicionales, como el CEA, KRAS/NRAS, BRAF y el estado de MSI, aunque son fundamentales, son insuficientes para abordar la complejidad total de la biología del CCR. En la última década, ha surgido una nueva generación de biomarcadores que abarca la biopsia líquida, la metilación basada en heces, la genómica, la epigenómica, la elaboración de perfiles inmunitarios, el análisis del microbioma, la radiómica, los organoides derivados del paciente y la integración multiómica, lo que redefine la forma en que se detecta, clasifica y trata el CCR. Esta revisión narrativa sintetiza la evidencia de 73 estudios en humanos publicados entre 2010 y 2024, identificados mediante búsquedas estructuradas en PubMed, Embase, Web of Science y la Cochrane Library, y se evaluó su calidad utilizando las herramientas QUADAS-2 y Newcastle-Ottawa.
El ADN tumoral circulante (ctDNA) surgió como el biomarcador con mayor validación clínica, demostrando un rendimiento superior en la detección de enfermedad residual mínima (ERM), la predicción de recurrencia y el seguimiento de la terapia en tiempo real. Los ensayos de metilación del ADN en heces mostraron una alta sensibilidad para la detección temprana del CCR y de adenomas avanzados. Los marcadores genómicos, como BRAF V600E, POLE/POLD1, HER2 y KRAS G12C, ahora informan directamente sobre la selección de la terapia dirigida, mientras que los biomarcadores inmunitarios (MSI-H, TMB e Immunoscore) guían las decisiones sobre inmunoterapia y estratifican el pronóstico más allá de la estadificación TNM. Las firmas del microbioma, en particular Fusobacterium nucleatum y Escherichia coli productora de colibactina, se asociaron con resistencia a la quimioterapia y progresión tumoral.
La radiómica y los modelos de imagen basados en IA proporcionaron una evaluación no invasiva de la afectación de los ganglios linfáticos y la respuesta a la terapia neoadyuvante. Los organoides derivados del paciente demostraron la capacidad de predecir la sensibilidad individual a los fármacos, y la integración multiómica permitió una subtipificación molecular más precisa. A pesar de este progreso, la adopción clínica generalizada sigue siendo limitada debido a la variabilidad de los ensayos, la falta de validación prospectiva multicéntrica y las barreras de implementación, como el costo y la infraestructura. A medida que estas tecnologías maduren, su integración en flujos de trabajo estandarizados y multidisciplinarios será esencial para traducir la innovación en biomarcadores en mejores resultados para los pacientes en todas las etapas de la atención del CCR.
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